Quejarse es una herramienta común a todos los seres humanos.

Nos quejamos del trabajo, de un amigo o, incluso, de la camarera que nos puso el café por la mañana…

Puede ser positiva, si la utilizamos puntualmente, a modo de desahogo emocional o válvula de escape, cuando las emociones nos están generando un desequilibrio interno.

El problema viene cuando nos aferramos a ella y la convertimos en algo indispensable en nuestras vidas.

Esto es debido a que la expresión de la queja no cambia las situaciones, tampoco a las personas ni a las cosas, tan solo informa de que la realidad no nos agrada.

Pregúntate de manera sincera para qué nos está sirviendo la queja que estamos emitiendo, nos permitirá descubrir aquello que necesitamos.

Esto nos pondrá en marcha a buscar soluciones o alternativas. Incluso, en ocasiones, tan solo con pararnos, observar y comprender lo sucedido será suficiente.

Hay maneras alternativas de movilizarte.

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