Puede que en alguna ocasión hayas sentido malestar después de recibir una sesión de terapia.

Algunos de los síntomas más habituales son el dolor físico como dolor de cabeza y otros músculos, cansancio, náuseas o descomposición, e incluso emociones intensas como la tristeza o la rabia.

Esto puede ocurrir justamente después de la sesión o en los días posteriores, y cuando lo vives, dudas de seguir con el proceso porque te cuesta comprender qué sucede para encontrarte así.

Pues bien, hoy vengo a contarte algo.

Cuando haces un trabajo en terapia, puede ocurrir a muchos niveles. Puede ser un trabajo a nivel consciente, inconsciente, emocional, físico, mental, y todos ellos son válidos. Recuerda que somos seres complejos y únicos, que sentimos a nuestra manera.

En este trabajo interno puede ser que conectemos con aspectos dolorosos de nuestra vida, creencias que nos limitan, bloqueos mentales y emocionales, que han quedado enquistados en nuestro ser.

Soltar el dolor acumulado es un primer paso para descifrar lo que hay en uno mismo y dirigirte hacia lo que es importante para ti. Puede resultar incómodo o generar cansancio, pero es un proceso valioso para encontrar lo que sí necesitas en tu vida.

De igual forma, también es válido no sentir malestar después de una sesión. Cada cual expresa lo que siente a su manera particular y única, y eso no significa que el trabajo sea menos importante.

Te doy las gracias por leerme y te animo a pedir ayuda si te encuentras en un momento difícil.

¡Hasta la próxima!