La responsabilidad afectiva es la capacidad de ser conscientes de que lo que decimos y hacemos tiene un impacto en los otros.

Implica que nos responsabilicemos de las consecuencias que tienen nuestras conductas sobre los demás, con el objetivo de NO generar un dolor innecesario en el otro.

Los cimientos de la responsabilidad afectiva son la empatía y el respeto. Básicamente, es “tratar a los demás como quieres que te traten a ti”.

¿Cómo lo hago?

Comunicación asertiva: se trata de explicar cómo nos sentimos personalmente de una forma honesta y sincera. Recuerda no esperar a explotar para decirle cómo te sientes.

No culpar: poner el foco en uno mismo en vez de culpabilizar a los demás o victimizarnos. Podría ser, por ejemplo, cambiar el “me hiciste daño” por “me sentí dolido con…porque me hizo recordar a…”

Llegar a acuerdos: utilizar la comunicación asertiva nos sirve para exponer nuestras necesidades, opiniones y limites. ¿En qué cosas podemos ceder cada uno y en cuáles no? Solo a través del dialogo podemos encontrar soluciones conjuntas.

Ponerte en el lugar de la otra persona: pocas veces nos paramos realmente a tratar de visualizar como debe de sentirse el otro. No se trata de imaginarnos cómo nos sentimos nosotros/as, sino cómo se sentirá esa persona en esas circunstancias.