Expectativas predictivas: Cuando alimentamos este tipo de expectativas creemos saber lo que pasará en un suceso próximo.

Por ejemplo, si tenemos una cita o a una entrevista de trabajo, podríamos imaginarnos cometiendo errores o mostrando una imagen empobrecida de nosotros mismos.

Expectativas normativas: Este tipo de expectativas se basa en las normas que conocemos, asumimos y esperamos que los demás sigan en diferentes situaciones.

Por ejemplo, esperamos que un fucionario público se comporte de una manera amable con nosotros para ayudarnos a solucionar el problema .

Expectativas merecidas: Este tipo es quizá la más subjetiva de todos, puesto que se basa en lo que creemos merecer en base a nuestro desempeño, cualidades o capacidades.

Por ejemplo, si creemos que somos el mejor empleado de la empresa, esperaremos que el próximo ascenso sea nuestro.

El problema comienza cuando estas expectativas se vuelven irracionales, en gran parte porque no tenemos en cuenta otros factores como los deseos y necesidades de los demás o la incertidumbre del momento.

CÓMO AFRONTARLAS

En terapia, comenzarás a modificar este sistema de creencias para que sean más ajustadas a la realidad.

Aprenderás a distinguir entre aquello de lo que somos responsables y aquello de lo que no.

La actitud de los demás y las circunstancias de la vida no dependen de nosotros, pero si depende la forma en que podemos manejar estas situaciones.

Además, trabajarás la aceptación de vivir el momento presente y crearás metas realistas dirigidas hacia ti.

El cambio está AHORA.